 |
983 cuestiones sobre los textos legales de la
AEEE
PREFACIO
I. GÉNESIS
Imagina que has decidido ir a un psicólogo.
Perdona, he comenzado usando el tú y sin una
fórmula de cortesía “estimada lectora” o ironía
como la de D. Miguel, “desocupado lector”. En
Italia dicen “darse del tú”. Me lo permito en
mis libros y en mi correspondencia con las
personas que sueñan con ir al exterior como
docentes o como asesores/as porque pertenecemos
a una misma profesión y tenemos un mismo
interés. El punto de partida nos acerca.
Pero volvamos al principio: imagínate que has
decidido ir a un psicólogo. Una decisión
compleja como la de llamar a un fontanero.
Mientras podemos aguantar las goteras, del grifo
o del alma, preferimos no confiar en
profesionales caros y, en algunas ocasiones,
poco fiables. Si finalmente el agua se escapa
tumultuosamente y las emociones se desbordan,
vale, buscamos un psicoterapeuta
cognitivo-conductual. Podría ser psicoanalista,
o gestaltista, o bioenergetista, o terapeuta de
la danza, la risa o el grito, pero vamos a
inclinarnos por una terapia breve y unos
resultados fácilmente apreciables (medibles).
Imaginemos, sigamos imaginando, que apostamos
por solicitar ayuda para cambiar nuestros
relatos (cognitivos) y nuestros comportamientos
(conductas). Lo primero que va a pedirnos
nuestra terapeuta será, muy probablemente, que
hagamos listas de los relatos que nos contamos a
nosotros mismos en positivo y los relatos que
nos contamos en negativo. También listas de
conductas que nos hacen felices y de conductas
que nos llevan a callejones sin salida. Dicho de
otro modo, qué queremos guardar y qué queremos
cambiar en nuestra vida.

|